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Por otra globalización. Del pensamiento único a la conciencia universal

Milton Santos, Convenio Andrés Bello, Colombia, diciembre 2004

Vivimos un nuevo periodo en la historia de la humanidad. La base de esa revolución es el progreso técnico. Todo el planeta está prácticamente cubierto por un único sistema técnico, que se vuelve indispensable para la producción, los intercambios y fundamenta el consumo en sus nuevas formas.

Existe la ilusión de que vivimos en un mundo sin fronteras, una aldea global. En la realidad, las relaciones llamadas globales son reservadas a un pequeño número de agentes, los grandes bancos y empresas transnacionales, algunos estados, las grandes organizaciones internacionales. Desgraciadamente, la práctica actual de la globalización está produciendo aún más desigualdades. Y, al contrario de lo esperado, crece el desempleo, la pobreza, el hambre, la inseguridad cotidiana, en un mundo que se fragmenta y donde se amplían las fracturas sociales.

La droga, con su enorme difusión, constituye uno de los grandes flagelos de esta época. El mundo parece, ahora, girar sin destino. Es la llamada globalización perversa. Ella está siendo tanto más perversa porque las enormes posibilidades ofrecidas por las conquistas científicas y técnicas no están siendo adecuadamente usadas. No cabe, todavía, perder la esperanza, porque los progresos técnicos obtenidos en este fin del siglo XX, usados de otra manera, bastarían para producir muchos más alimentos de lo que la población necesita y, aplicados a la medicina, reducirían drásticamente las dolencias y la mortalidad.

Un mundo solidario producirá muchos empleos, ampliando un intercambio pacífico entre los pueblos y eliminando la belicosidad del proceso competitivo que todos los días reduce la mano de obra. Es posible pensar en la realización de un mundo de bienestar, donde los hombres serán más felices; otro tipo de globalización.