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Políticas para la solidaridad económica y el Buen Vivir en México

Coordinado por Boris Marañón Pimentel, 2016

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Resumen :

El objetivo de este libro es presentar un conjunto de reflexiones sobre cómo se puede impulsar la solidaridad económica en México, considerando las necesidades de las organizaciones solidarias y en asociación con un nuevo proyecto de sociedad: el Buen Vivir.

Se parte de una revisión crítica de los fundamentos teóricos y operativos que sustentan las “políticas públicas” orientadas al com­ bate a la pobreza, mostrando su carácter despolitizado ya que no consideran los aspectos histórico­estructurales y de poder en el origen de tal problema, lo que se traduce en políticas asistenciales que no logran abatirlo. Por lo que se propone recuperar el concep­ to de marginalidad para entender las causas estructurales de la pobreza en el contexto de las sociedades latinoamericanas al iden­ tificar las dificultades que hay para absorber la abundante y cre­ ciente fuerza de trabajo en los procesos dependientes de industria­ lización impulsados en la región. Se trata, pues, de dejar de ver la pobreza como un problema individual, pues impide mostrarla como el resultado del tipo de relaciones que se establecen entre el capital y el trabajo (de explotación y dominio) –producto de las tendencias del capitalismo a escala mundial– y entenderla como un proceso histórico que se construye por la acción del hombre, de las relacio­ nes sociales que se establecen y que definen la distribución del poder económico y político. El objetivo es dejar de ver la pobreza como un proceso natural e inevitable que sólo se puede contener, mas no abatir, y cuyo diagnóstico repercute en la forma en que se concibe la política social de carácter asistencialista.

También se hace un análisis de la forma en que la población en condiciones de “pobreza” o marginalidad busca sus propias alter­ nativas para producir y reproducirse socialmente alrededor del eje de la reciprocidad, y en cuya organización se advierte una raciona­ lidad que no está orientada por el lucro o la búsqueda de la ganan­ cia, sino por la reproducción ampliada de la vida. Se trata de reco­ nocer las crecientes prácticas de solidaridad económica como un elemento decisivo en las resistencias al patrón de poder colo­ nial­moderno y capitalista –y a su imaginario, el Progreso­Desa­ rrollo, ambos actualmente en crisis–, las cuales pueden articularse con otro proyecto de sociedad, con otro horizonte de sentido na­ ciente: el Buen Vivir y la descolonialidad. Esto con la condición de desprenderse de la epistemología dominante que torna invisibles estos esfuerzos y su carácter emancipador.

Estas iniciativas de solidaridad económica se desenvuelven en un contexto de gran adversidad, pues no se reconocen sus especi­ ficidades y necesidades. Desde el Estado, considerado la autoridad colectiva por excelencia, sólo se impulsan políticas de tipo asisten­ cial. En el caso mexicano, de manera reciente se han hecho esfuerzos importantes por reclamar políticas que den cuenta de la racionali­ dad alternativa de las experiencias y que favorezcan su reproduc­ ción; tal es el caso de la Ley de Fomento Cooperativo del Distrito Federal, así como la Ley de Economía Social y Solidaria, de carác­ ter federal. Si bien la expedición de ordenamientos jurídicos de este tipo es importante, esto no significa que automáticamente se tra­ duzcan en acciones de apoyo y fomento a la solidaridad económica; asimismo, el contenido de dichas leyes puede tener más limitacio­ nes que aciertos y revestir diversos riesgos para las organizaciones. De ahí la importancia de pugnar, en el ámbito estatal, por la co­ construcción de políticas públicas, apelar por el reconocimiento de las especificidades de las experiencias solidarias –entre ellas su racionalidad no capitalista– y tratar de evitar la verticalidad en su diseño y ejecución, lo que implica una real democratización.

Pero, ¿en qué consiste la actual democracia?, ¿se ha convertido 10

en un objetivo intangible e inalcanzable?, ¿qué retos enfrentan las organizaciones de solidaridad económica ante un Estado capitalis­ ta en nuestros días?, ¿cuál es el lugar para éstas dados los procesos de mercantilización crecientes? ¿Puede haber una autoridad públi­ ca no estatal?, ¿la redistribución, en cuanto principio de integración, debe estar asociada de modo inevitable al Estado o, por el contrario, tal principio puede ser pensado y practicado en vinculación con otra forma de autoridad colectiva?